sí, AQUí ESTAMOS DESDE EL JUEVES AL MEDIODíA. Nos parece de película pues todos están pendientes de nuestras vidas y movimientos.
Estar de fiesta es reparador y muy gratificante, pero el encontrarse con los afectos no tiene palabras.
La entrega del Divino Maestro para Alfredo, además de emocionate, significó recuperar su esencia de maestro. Estaba radiante, elegante, distendido...
Qué felicidad expresaba su rostro...
El encuentro en la fiesta del centenario, con tantos amigos, fue algo distinto a lo esperado pues la alegría del momento vivido dio paso a la emoción fraterna y entonces cada abrazo, cada beso, fueron expresión profunda de gratitud por la vida compartida.
Ninguno de los dos esperaba tanto, y seguramente en lo más íntimo del corazón no creíamos que esta experiencia fuera significativa, por eso de que cuando te alejás tanto poco a poco empiezan los olvidos y lo demás es sólo obra de la distancia.
Para coronar el paseo, estos días vamos a cuidar al bombón Fernández con lo que conlleva acostumbrarnos a sus hábitos, entenderlo y mimarlo...todo un desafío y otro premio...el mejor.
Faltan días para la vuelta, pero ya no la deseo tanto pues estoy constatando que el ambiente es importante pero las personas son las que se extrañan...para ir planeando la próxima visita sin dar rienda suelta a tanto sentimiento.
Buenos Aires, la reina del plata, no tiene desperdicio.
Estar de fiesta es reparador y muy gratificante, pero el encontrarse con los afectos no tiene palabras.
La entrega del Divino Maestro para Alfredo, además de emocionate, significó recuperar su esencia de maestro. Estaba radiante, elegante, distendido...
Qué felicidad expresaba su rostro...
El encuentro en la fiesta del centenario, con tantos amigos, fue algo distinto a lo esperado pues la alegría del momento vivido dio paso a la emoción fraterna y entonces cada abrazo, cada beso, fueron expresión profunda de gratitud por la vida compartida.
Ninguno de los dos esperaba tanto, y seguramente en lo más íntimo del corazón no creíamos que esta experiencia fuera significativa, por eso de que cuando te alejás tanto poco a poco empiezan los olvidos y lo demás es sólo obra de la distancia.
Para coronar el paseo, estos días vamos a cuidar al bombón Fernández con lo que conlleva acostumbrarnos a sus hábitos, entenderlo y mimarlo...todo un desafío y otro premio...el mejor.
Faltan días para la vuelta, pero ya no la deseo tanto pues estoy constatando que el ambiente es importante pero las personas son las que se extrañan...para ir planeando la próxima visita sin dar rienda suelta a tanto sentimiento.
Buenos Aires, la reina del plata, no tiene desperdicio.
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